Desde que nacemos y hasta que fallecemos
conocemos gente con la que compartiremos juegos, estudios, trabajo, aficiones,
amor, sexo o simplemente tiempo. Gente que recorre junto a nosotros y nosotros
junto a ellos, más o menos trayecto del camino de nuestra vida. Personas con
las que durante un tiempo compartiremos alegrías, penas, ilusiones,
disgustos, angustias o nada... aspectos todos que forman y configuran
nuestras vidas haciendo crecer nuestro YO.
Esa gente a veces nos dan lo mejor de sí mismos y en otras lo peor, gentes que nos exigen lo mejor de nosotros y a las
que a veces damos lo peor cansados de complacerlos, gente con la que
interactuamos para la bueno y para lo malo, que nos cargan de forma positiva y
de forma negativa, gente que nos entrena y a la que entrenamos, todo ello para
avanzar, para crecer, para hacemos más sabios, profundos y tolerantes. ¿Todos?
no, no todo el mundo crece ni al mismo ritmo ni con la misma intensidad incluso
los hay que no crecen nunca.
Es entonces cuando empezamos a ver que algo
no encaja, que el camino compartido no nos llevara a un mismo destino, a unos el
camino les señala el bosque, lleno de recursos, experiencias, colores, retos,
diferencias, y a otros les señala el desierto, pobre, monocromático, extremo y
sin contrastes. En el primer destino el camino se enchancha, necesitan del
entorno, dan y reciben. En el segundo, el camino se estrecha no dan, solo exigen
pues el entorno se apodero de ellos. Exigen y exigen atención y compromiso
delante sus necesidades pero se atrincheran detrás de sus miedos ante
las nuestras.
Entonces llega el momento, casi siempre
doloroso de la separación, hay que optar por el bosque o el desierto, si optas
por el bosque será porque no te gustan las palabras vacías, las palabras
crueles, las palabras cínicas, las palabras falsas, las palabras para
cumplir, las palabras para escapar, las palabras para golpear. Si optas por el
desierto es porque quedaste hipnotizado por un camino que solo ves ancho tú, en el
que tu mejor acompañante es tu sombra proyectada por tu propio resplandor,
donde tu ansiedad te hace disfrutar de su compañía. Pobre ser, su camino
lo dirige directo al inmenso desierto donde su yo brillara en la soledad mas
absoluta, porque allí los sentimientos y los afectos se mueren, la
soledad llenara todo su espacio y hasta su sombra desaparecerá. Que tengas un buen viaje.

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