Algunas personas entre ellas yo nos empeñamos en no querer reconocer lo obvio, cuando algo se ha muerto es mejor olvidarlo. El duelo es algo que poca gente sabe gestionar mínimamente bien, ya que la vinculación afectiva, actor principal en el duelo y que no es otra cosa que la relación que se crea por permanecer en mutua proximidad con la persona, animal, cargo, cosa, etc., más los estados subjetivos de intensa emoción vividos en esa relación, ingredientes necesarios para crear los vínculos.
El vínculo suele ser experimentado como una fuente de seguridad, atenciones, presencia y amor. Pero evidentemente todo vínculo puede hacerte dependiente o autónomo en función de la consideración que tengas o tenga el referente con quien se estableció ese vínculo.
Se murió y se rompió el vínculo no por nuestra parte si no por nuestro referente y eso no nos parece posible ni aceptable aparece la negación emocional, mi vínculo no puede romperse por un hecho fuera de mi control, no puedo por menos que protestar y rebelarme aunque sea en el silenció más íntimo de mi ser. La tristeza aflora por todos mis poros y la pena inherente me sumerge dentro de un pozo oscuro y frio, abandonar el cariño que le tiene y romper el vinculo creado parece imposible, buscar nuevos afectos es la solución delante de lo desaparecido, pero buscarlos cuando el motivo de tu sufrimiento hay que arrancárselo del día a día pues por el mismo no desaparece de nuestro entorno se padece como imposible. Pero alguien dijo una vez:
Algunas personas se empeñan en poner puntos suspensivos donde deberían poner un punto y final. Hoy empiezo ese objetivo no merece la pena sufrir más.

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