Me llamo Jaume y llevo
38 años como auxiliar de geriatría en la residencia de ancianos Llar de Sant
Josep perteneciente a la Generalitat de Cataluña, dónde he podido vivir muchas
situaciones algunas buenas y otras malas como debe suceder en todos los
trabajos. Hoy la Llar de Sant Josep es noticia en la prensa por haber sido
denunciada por algunas familias de seis delitos de homicidio por imprudencia al
haber perdido a sus seres queridos en esta pandemia producida por
el COVID 19.
Esta carta que me he
decidido a escribir no pretende lavar la cara de mi centro de trabajo ni la de
los profesionales que en ella trabajamos porque no lo necesita, ya que el
trabajo que realizamos siempre ha intentado ser eficiente y profesional por parte
de todos, pero 34 defunciones que fueron las que tuvimos en dos meses tienen
que servir para que todos nosotros hagamos autocrítica.
En los 38 años en el
centro he tenido 10 directores y quiero dejar constancia que todos ellos se han
comprometido con su función aunque en el día a día no hayan tenido el mismo
acierto. Con unos ha sido más fácil sentirse profesional y mejorar que con
otros, porque han sabido ser exigentes con los procedimientos y con el trabajo
de aquellos que tenemos que atender a los usuarios, relegando a un segundo plano
las cuestiones administrativas o de gestión más pensadas para satisfacer
normativas de políticos con demasiado ego y apego a una administración falta de
compromiso con lo esencial, la persona ingresada y quien los atienen los
trabajadores.
Pero no por eso
crucificaré a alguno de mis directores y menos al último que ha tenido que
afrontar absolutamente solo semejante problema y sobre el que se dirigen las
denuncias, a pesar de no haber tenido con él la misma sintonía de trabajo que he tenido con otros.
Pero me da exactamente igual. Porque entiendo que la culpa en todo caso es de
quien nos coloca al frente a gestores administrativos que pueden ser eficaces
pero que olvidan la función básica que tiene una residencia de ancianos, que no
es otra que facilitar que las personas que ingresan continúen siendo personas
con sus deseos, sus derechos y su personalidad propia y no como un elemento más
que da sentido en un edificio o servicio que se pone en un nivel superior al de
la propia persona que tiene que atender.
A esta dirección sobre
la que quieren hacer recaer toda la responsabilidad, lo único que le
recriminaría es no haber escuchado y dudado del personal con más experiencia y
del trabajo en equipo basado en el compromiso, la profesionalidad y la
responsabilidad en lugar de apostar por cantos de sirena cargados de soberbia
que complacían oídos pero destruían equipo, consiguiendo la desvinculación de profesionales
muy comprometidos con el centro y que cuando llegó semejante problema ni
estaban ni se les podía esperar.
Lo sucedido en nuestra
residencia hace unos meses es una bofetada en toda regla a muchas actitudes y
comportamientos que habrá que analizar detenidamente, ahora todo esto puede
escandalizar a una sociedad o a unos familiares que desgraciadamente ahora ante
la pérdida de sus seres queridos se sienten agraviados y culpan al centro y a
sus profesionales de su mal trago. Ya me habría gustado a mí y a mis compañeros
que la exigencia sobre la atención de sus familiares fuera siempre constante y
exigente con la administración para que vigilara la profesionalidad, nos dotara
de personal, de medios y recursos que garantizaran el bienestar de todos los
residentes, los que trabajamos en residencias sabemos que esto no es nada
habitual y que cuando se produce esta exigencia si no se hace pública es
ignorada y silenciada para evitar el desprestigio del centro y la visualización
del poco compromiso que ejecuta la administración sobre un sector que no nunca
hace ruido.
Yo que he discrepado
con mi directora en muchísimas ocasiones, hoy
me solidarizo con ella sin dudarlo, su esfuerzo, las horas dedicadas y su
soledad para afrontar y vivir semejante golpe de realidad, no merecen otra cosa
que mi reconocimiento con errores o sin ellos, ella como nosotros somos también
víctimas y cargaremos con la frustración de no haber podido hacer más, pero no puedo ni sería justo dejarla
cargar con el pésimo trabajo, la desidia y desamparo del departamento de
Bienestar Social y familias, ellos desde el Olimpo de sus cargos no habrán dejado
caer ni una sola lágrima, nosotros todas por cada uno de los residentes que nos
han dejado. La angustia sufrida por los que han vivido y afrontado el problema, merece
nuestro absoluto respaldo.
Las familias tienen
todo el derecho a denunciar faltaría más, pero nada conseguirán que mejore si
el objetivo es el árbol (director), este que a veces no deja ver el bosque. (Políticos)

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