Durante la vida conocemos personas que por una u otra razón admiramos, ya sea en el ámbito laboral o en el personal, sin saber muy bien porque. Sera porque vemos cualidades en ellos que encontramos a faltar en nosotros? Lo cierto es que su forma de ser nos cautiva ya sea porque siempre están alegres, porque son buenas personas, porque saben encarar los problemas y darles soluciones, porque son inteligentes, porque son buenos compañeros o amigos o porque son íntegros y consecuentes. Pero eso que desprenden y admiramos se corresponde con la realidad que ellos mismos viven. Yo diría que NO.
En mi vida profesional y personal he conocido a pocas personas por las que he sentido una admiración que para mi hubiera querido. Alguna de ellas ha sido durante años una referencia en la que fijarme para mejorar profesionalmente, su trabajo, su capacidad de análisis, su inquietud por mejorar, su forma de encarar los problemas y ofrecer soluciones han sido todo un ejemplo a seguir. En el ámbito profesional su eficacia la hacia destacar por encima de todos los demás y trabajar junto a esa persona ha resultado ser muy motivador.
Pero todo ese compendio de cualidades desaparecen en el trato personal, la frescura desaparece, el dinamismo delante de los problemas se transforma en una pesada carga de miedos, egoísmos, incoherencias, limitaciones que los transforman , sus agobios les quitan el sueño, el aire, la misma vida y todo ello los hace superficiales e incoherentes, terminando por dejarnos ver que en ese mundo donde brillan es donde se refugian y esconden de todo aquello que les resulta perturbador.
Cuantas personas conocéis que brillan en el trabajo no por ser brillantes sino porque se sumergen en el para evadirse de la realidad que tienen que afrontar, su incapacidad manifiesta delante su propia vida hace que se refugien en el ámbito profesional un ámbito con fecha de caducidad, lamentablemente para ellos. Sera entonces donde ese monstruo que fue creciendo y alimentándose de esa incapacidad, saldrá con toda su energía reprimida para consumir una vida que ya no contara con el refugio del trabajo.
Su vida seguramente pasara a ser amarga, solitaria y triste, porque muy pocos son capaces de sacar en esos años de la vida, energía y determinación para enfrentarse al monstruo con el que han convivido tantos años. Si no tomamos decisiones cuando toca difícilmente las tomaremos cuando ya nos gano la resignación.
Cuando la gente elige no tomar una decisión no cae en que ya han tomado una. La mayoría de las personas no tomamos decisiones por temor a equivocarnos y seguramente ya estamos equivocados.
Cada día debemos estar listos para tomar decisiones. Probablemente nos equivoquemos, pero eso es mejor que quedarse con las ganas de nunca tomarlas y preguntarse después ¿Qué hubiese pasado?. El no tomar decisiones nos hubiera llevado a no conquistar reinos, ni el espacio, ni ganar los tesoros escondidos, ni el amor por esa persona que tanto nos gusta, ni darle ese abrazo a mamá o papá y decirles que tanto los queremos. La indecisión seguramente no nos lleve al éxito, pero seguro que nos lleva al fracaso.
Existen personas que no se permiten el más mínimo error y consideran que siempre deben ser competentes en todo lo que hacen, esto es mas fácil en el trabajo y no tanto en la propia vida. Buscan la perfección en sus decisiones algo sumamente difícil en el ámbito personal.
Son personas que paradojicamente padecen falta de confianza en sus habilidades personales para resolver problemas: algunas personas entran en bucle. Es decir, una vez que han tomado una decisión vuelven a atrás y comienzan de nuevo todo el proceso para volver a elegir, entrando en un bucle infinitivo asociado con importantes niveles de malestar emocional. Algunos estudios sostienen que si bien este tipo de personas tienen buenas habilidades para solucionar problemas (trabajo), lo cierto es que no confían en dichas capacidades para su vida, no se lo creen. Este hecho se asocia a un bajo nivel de autoestima.
Eso es y para esto te tiene que servir haber llegado hasta aquí. Admirémonos de nosotros mismos en lugar de admirar a quienes disimulan sus limitaciones con bonito papel de regalo pero sin nada en su interior.


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