Hoy he trabajado!! que día mas triste en percepciones. He trabajado con compañeros y he atendiendo personas en un centro geriátrico. Que desconocidos unos y otros, sus vidas ajenas no me son indiferentes pero no puedo acceder a ellas. Alguno de mis compañeros creí que era amigo, mi amigo. Amigo seguramente sea una de esas palabras que cargamos con más significados de los que la propia palabra es capaz de soportar y siempre termina por llegar el momento en el que descubres que las expectativas depositadas en ella no cubrirán ninguna de nuestras necesidades. Pero uno insiste pues cree que no puede estar equivocado cuando etiqueto a ese compañero, buscas su confort de amigo y encuentras el frió común del compañero de trabajo. Tropiezas otra vez, una vez más, ya no sabes cuantas son; la realidad es tozuda y cruel y golpea nuevamente y tendrás que verlo y padecerlo un montón de años durante los cuales seguramente seguirás sumergiéndote en el dolor que produce la soledad compartida.
La misma que padecen los ancianos que cuidado, personas mayores que comparten el final de su vida con la soledad que les regalaron aquellos que algún día les dijeron que los querían. Hoy mis manos son las únicas que acarician su piel, una piel que sintió, vivió, ofreció calor y ternura y que hoy no reciben nada porque para ellos esas manos les son extrañas.
Soñamos, creemos, imaginamos realidades que no existen y al final nos damos de narices con el presente ese que nos recuerda que estamos solos como los ancianos que cuido.


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