La frustración es un sentimiento negativo que devora una buena porción de nuestra energía. Nos sentimos frustrados cuando no podernos obtener las metas deseadas o los tipos de comportamiento pretendidos. Confrontados con la frustración, debemos detenernos y plantearnos una serie de preguntas, como las siguientes; ¿Por qué quiero realmente hacer esto en primer lugar y qué recompensa o resultados espero de ello?
Merece la pena seguir soñando cuando la persona, esa persona con la que tienes establecida una relación de amistad o de trabajo parece demostrarte que no te necesita, demasiados momentos en los que no echa de menos nada, aunque en otros te demuestre que le agradan. Tambien es posible que piense que te tiene ahí, que siempre estarás ahí y que nunca te perdera, eso no es mas que una excesiva confianza en si misma que la hace demasiado vil con esa relación compartida. La frustración surgida es una respuesta emocional común a la oposición relacionada con la ira y la decepción, surgida de la percepción de resistencia al cumplimiento de la voluntad individual. La frustración interna surge del problema de conseguir el cumplimiento de las metas personales y deseos, las pulsiones y necesidades, o ser vencido por las deficiencias adquiridas durante un proceso de relación que no cubre las expectativas deseadas o soñadas. El conflicto entre la razón y el deseo también puede ser una fuente interna de la frustración, cuando uno tiene objetivos contrapuestos que interfieran unos con otros, puede crear una disonancia cognitiva que entristece nuestro pequeño mundo de ilusiones.

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