Tu, yo o nuestros amigos, o conocidos da igual, en general casi todos nos comportamos igual en cuestiones de amor, todos creemos querer más de lo que nos quieren, estamos convencidos de estar depositando más esfuerzo, cariño y sacrificio que nuestra pareja en bien de la relación que estemos viviendo o en algún caso padeciendo.
Creemos no ser entendidos por aquel al que nosotros entendemos tan bien, que no nos conoce y al que nosotros creemos conocer casi al dedillo, cuantas veces nos hemos preguntado porque no se esfuerza un poco en intentar saber que es lo que nos gusta, o que es lo que no nos gusta que también sería de agradecer.
Cuantas veces nos hemos podido preguntar ¿Qué compartimos? Un espacio, una hipoteca, unos hijos, sexo, rutina, pasión, confidencias, preocupaciones, alegrías, penas, cama, años, una vida o nada. Seguramente todo ello conforma la relación, que empezó con entusiasmo y que suele acabar si todo sigue su cauce “normal” en matrimonio, pero coño, ahora que estamos casados resulta que nosotros aportamos más que nuestra pareja. Cuando no éramos matrimonio sino que éramos novios había interés por nuestras necesidades, él o ella nos cuidaban con esmero, contribuían con el mismo esfuerzo e interés que nosotros en que aquello funcionara, casi no hacía falta decir nada porque casi todo era perfecto, el sexo, la pasión, la conversación, no había hijos, y hasta la hipoteca en la que nos íbamos a meter parecía perfecta. Pero ese día, el día que colmaba más las aspiraciones de nuestros respectivos padres que las nuestras (boda) algo se empieza a torcer, incomprensiblemente todo aquello que hasta ese día era sino perfecto casi perfecto se empieza a esfumar.
Ya no te aguanto más!!! Esta frase es un clásico entre las parejas, se puede pronunciar al mes, al año o al día pero en este caso en el subconsciente, que tampoco es cuestión de machacarlo/a a diario. Por dios porque me he condenado de esta forma, mi vida no puede estar sujeta a esta gorda, o este calvo barrigón, que suplicio Dios, sino no fuera por mi aguante y porque recuerdo que yo aporto mas a la relación (esto que no se olvide) ya estaría en casa de su madre, y claro es cierto que también me ata la jodida hipoteca y los niños que los muy marranos no se parecen a mi si no a el/ella que mira que hay que tener mala suerte y el sexo… ¡ah! si el sábado por la noche, y la pasión… ¡ah! si el domingo delante de la paella y el único espacio dispuestos a compartir el del coche, y las confidencias mejor que se las callara que no me importa para nada que tenga almorranas, y las alegrías pocas y siempre ligadas a las penas (vienen mis padres a cenar, esto es una pena o mejor dicho una putada), no me esperes a comer esto es una alegría y si no vienen los hijos esto ya es una súper alegría, y la cama a quien se le ocurrió comprarla de matrimonio con lo bonitas que son las separadas, compartir toda mi vida al lado de semejante ser, si se pareciera un poquito a mis compañeros/ras de trabajo o al vecino/a, es que es igual cualquiera nos parecerá más guapo/a, interesante, culto, y atento/a que nuestra pareja.
En fin, aunque nadie nos lo reconozca somos generosos es nuestra relación porque aguantar lo que aguantamos eso no tiene precio, y si se rompe no es porque nosotros tengamos la culpa (ni mucho menos) es por el/la egoísta de nuestra pareja que nunca intento poner de su parte, si la verdad no se como he llegado a aguantar tanto, no os parece.


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