Hace mucho tiempo encontré en mi camino una caja que me deslumbro, era una caja sencilla, nada exagerada pero tenía algo que hacía que cuanto más la observaba más me cautivase.
Aquella caja dejaba intuir que tenía algo en
su interior que debía ser espectacular y maravilloso, me lleve la caja a casa y
la puse en un altar, allí solos, la contemplaba y me recreaba en la perfección
de sus acabados, en su textura, en su color, en su olor, todo era perfecto no
había visto nada igual.
Pasaron los años y nada cambiaba
todo se mantenía en una absoluta armonía aunque las condiciones externas fueran
cambiantes, pero un día quise averiguar que guardaba la caja en su interior, la
cogí con sumo cuidado como siempre, con toda la delicadeza que mi torpeza me permitió
y la abrí y...Estaba vacía, ¡¡vacía!! Solo contenía tiras de papel sin ningún
valor, no me lo podía creer, no había nada en su interior, busque y busque pues
aquella caja perfecta no podía estar vacía, no era lógico que después de tantos
años soñando con disfrutar de su tesoro este solo existiera en mi cabeza. La
tape entristecido y frustrado y la puse de nuevo en su altar para continuar
observándola, albergaba la esperanza de que cuando la volviese ha abrir
encontraría alguna cosa, que seria como una caja mágica, pero nunca encontré
nada.
Sigo conservando la caja pero ya
no miro en su interior, ya no la veo ni perfecta, su textura, su color y su
olor también son normales pero no puedo deshacerme de ella pues me hizo soñar y
sentir y aunque en ella nunca guardare nada mio la seguiré observando pues se
ha convertido en una rutina.

No hay comentarios:
Publicar un comentario
Expresa tu opinion: